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sábado, 14 de noviembre de 2015

El ángel anciano, un cuento de Gabriel García Marquéz


















Uno de los cuentos de Gabriel García Márquez que terminaron de convencerme de su genialidad fue “Un señor muy viejo con alas enormes”.  Debo reconocer que el titulo no me gustó para nada, incluso creo que es un poco fofo para el nivel del relato del escritor colombiano; sin embargo el texto en si nos da una pequeña pero poderosa probada de la habilidad de Márquez para narrar hechos sobrenaturales de una forma que los haga parecer naturales.

El cuento nos narra la historia de un viejo ángel que es encontrado por una  pareja a las orillas del mar. Aquella vieja pareja decide capturarlo y colocarlo en el jardín de su casa; la noticia se extiende pronto al pueblo y a las comunidades vecinas provocando que una multitud se aglomeré para ver el insólito espectáculo. En esta historia y en solo un par de hojas el famoso “Gabo” nos demuestra un texto de realismo mágico en todos sus aspectos.

Es precisamente esta característica lo que lo hace especial, este cuento nos da un acercamiento mucho más digerible y breve al mundo creado por el imponente escritor. Si aún tienen dudas por comenzar  a explorar la obra de García Marqués,  este relato podría convencerlos sin quitarle poco más de quince minutos de su día. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

Historias breves pero reales.

Era un atardecer nublado, el cielo rugía  advirtiendo que pronto la lluvia visitaría la ciudad, esa tarde caminaba junto a mi novia cerca de la colonia donde vivía, nos dirigíamos hacia el transporte público;  estábamos enojados.  Discutimos y el mal humor se respiraba en nuestra conversación desde que esperábamos en la calle hasta que la pequeña combi se acercó viajando entre el rió de concreto y cemento. Yo estaba muy molesto, tan enojado que cuando por fin subí a la pequeña furgoneta pública me abrí paso
bruscamente entre las personas para sentarme entre las pequeñas sillas laterales. Mi novia entró y de forma poco más sutil terminó por acomodarse junto a mi.  

La música y las conversaciones perdidas se mezclaban en el ambiente, todo parecía marchar de forma común.  En cada estación alguien bajaba o subía como siempre y el constante movimiento de personas había logrando entretenerme y distraerme.  Aunque seguía fastidiado el extraño ambiente del lugar logró calmarme un poco y  todo hubiera sido tranquilo de no ser por un extraño hombre de edad madura que abordó.

Se tambaleaba y en cuestión de segundos un fuerte olor a alcohol  penetró todo el lugar, no fui el único que lo notó; una señora y un joven rápidamente se apresuraron y abrieron las ventanas para ventilarse y esperar que no se sentará junto a ellos. La imagen del aquel hombre, esforzándose y chocando sin que algo le importará en absoluto me incomodó y volvió a despertar el mi el mal humor que comenzaba a apaciguarse; endurecí mi postura y me tomé  uno de los manubrios que estaban colocados en la pared de la combi para ener más soporte. La persona de bigote pequeño, piel morena y algunas canas en la cabeza no tardó en chocar contra mi y rebotar sutil pero fuertemente. 

El pequeño choque que tuvimos hizo que cruzáramos miradas; mis ojos se clavaron en los suyos por un par de segundos y finalmente aquel hombre de vista perdida siguió su camino.

—Sonrianle a la vida... —balbuceó mientras se dirigía a una esquina de la furgoneta— uno ya casi está viejo pero ustedes...  sonrianle... todavía están jóvenes... a donde vamos a con todo esto.... a donde vamos a llegar... 

El hombre siguió balbuceando todo el trayecto que estuve yo ahí, luego en una de las muchas estaciones publicas de la ciudad,  baje junto a mi novia y continuamos nuestro camino.  Las memorias  y las lecciones que ocurren en la vida son curiosas; yo por ejemplo no recuerdo ninguna otra cosa de ese día,  solo se que aquel hombre de mirada perdida permanecerá en mi cabeza durante muchos años haciéndome recordar lo insospechadas y profundas que pueden ser las historias breves pero reales.